El 46º Desfile del Día del Pueblo Puertorriqueño mostró la ‘belleza de Chicago’

Jacob Ríos, originario de Humboldt Park, solía asistir todos los años con su padre al desfile del Día del Pueblo Puertorriqueño.

Con frecuencia coincidía con el Día del Padre, así que ambos pasaban el fin de semana juntos.

Aunque su padre falleció en 2015, el joven de 38 años ha mantenido la tradición. El sábado por la tarde, Ríos llevó a su hijo menor, Jovani, de 5 años, al desfile por primera vez.

“Esto era como su corazón y su alma; esta es la belleza de Chicago”, dijo Ríos sobre el evento. “Ahora tengo a mi pequeño conmigo. Es como una bendición. Sé que ahora mismo está mirando desde el cielo”.

Ríos y su hijo estaban entre los cientos de personas que celebraban desde la acera de la calle Division cuando el 46º Desfile anual del Día del Pueblo Puertorriqueño pasó por Humboldt Park el sábado.

El padre e hijo habían llegado del partido de béisbol de Jovani en el lado oeste a las 10 a.m., con Ríos mostrando con orgullo la bandera puertorriqueña de dos maneras, en su camisa y un tatuaje que se hizo poco antes de que su padre muriera.

“Llego tarde a todo en mi vida”, dijo. “A esto, no”.

Jacob Ríos carga a su hijo medio dormido, Jovani Ríos, de 5 años, mientras observa el Desfile del Día del Pueblo Puertorriqueño el sábado en Humboldt Park.

Pat Nabong/Sun-Times

Dayanne Ivera, una residente de Humboldt Park que se mudó a Chicago desde Puerto Rico cuando tenía 18 años, dijo que asistía por primera vez porque “quería estar en la multitud”.

Ahora, con 32 años, dijo que aunque regresa a Puerto Rico cada noviembre para su cumpleaños, asegurándose siempre de visitar a sus abuelos, estar en el desfile se siente como en casa.

“Esto es lo más cerca que vas a estar de Puerto Rico aquí”, comentó. “Te da esa sensación nostálgica de ir por ahí oliendo la comida y escuchando la música y las vibraciones de todo el mundo… Es una forma estupenda de explorar la cultura con autenticidad”.

Ivera y su hermana llegaron vestidas casi a juego: con camisetas de Roberto Clemente, jugador puertorriqueño de la MLB y primer latinoamericano en entrar en el Salón de la Fama del Béisbol, aunque Ivera optó por una camiseta alternativa para diferenciarse.

“Es un icono. Es el desfile puertorriqueño; tienes que ir”, dijo Ivera. “Ya es ley. … Es como con los Jeeps, todos decimos que sí con la cabeza”.


El desfile se celebró una vez más en el Paseo Boricua, corazón de la comunidad puertorriqueña de Chicago —hogar de muchos de los más de 93,000 puertorriqueños de Chicago, o el 3.3% de su población según el Censo de 2020— como parte de las Fiestas Patronales Puertorriqueñas.

El festival tuvo nuevas actividades durante todo el fin de semana, entre ellas un concurso de cocina entre bomberos y un mapa de Puerto Rico de 20 pies de ancho en el que los invitados podían utilizar calcomanías para marcar las regiones de las que eran originarios —lo que, según los organizadores, pretendía unir a la gente—, además de las artes habituales, los vendedores de comida y el baile.

Charlie Mango, puertorriqueño residente de Logan Square, se trasladó a Chicago de Nueva York hace cinco años y ha asistido al desfile todos los años desde entonces. Dice que, aunque el desfile de Nueva York suele ser más grande, es el alma de las celebraciones de Chicago lo que hace que destaque.

“Es difícil superar a Nueva York, pero me encanta el espíritu de Chicago”, afirmó Mango, de 26 años. “Es muy local… Me encanta el ambiente de barrio. Creo que Nueva York puede resultar muy aislante; la gente no siempre llega a conocerse”.

Mango compró una bandera puertorriqueña hecha a mano con un borde de flecos dorados porque no quería ser “tacaño” esta vez, y también lució el símbolo en una tanga sobre unos pantalones de mezclilla y llevó una bandera puertorriqueña arcoiris.

“Es bueno recordar que estamos aquí porque nuestra identidad puede borrarse; ser puertorriqueño no tiene un aspecto específico”, dijo Mango. “La bandera es lo único que nos une a todos. Todos parecemos diferentes, pero compartimos la misma cultura”.

Dijo que la mayoría de las banderas que había visto eran banderas de la resistencia, refiriéndose a la versión azul más clara de la bandera. Dijo que sus amigos que no son de Puerto Rico le habían preguntado por el impulso independentista de la isla caribeña y territorio estadounidense después de verlas.

“No sólo nos recuerda a los puertorriqueños el objetivo final, sino que hace que los no puertorriqueños pregunten por la batalla de la que nadie habla”, dijo Mango. “Es una de las últimas grandes colonias, necesitan la independencia”.

Traducido por Gisela Orozco para La Voz Chicago

Charlie Mango (izquierda) ondea una bandera el sábado durante el Desfile del Día del Pueblo Puertorriqueño.

Pat Nabong/Sun-Times

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