Mujer de Chicago que ayuda a migrantes lucha por quedarse en Estados Unidos

Con frecuencia, Luisette Kraal está en la tienda de ropa gratuita que cofundó en el vecindario de Uptown ayudando a los migrantes a cubrir sus necesidades básicas o poniéndolos en contacto con recursos. Ella y su marido, Ed, llevan 12 años viviendo en Chicago. Han creado una red de apoyo para cientos de migrantes recién llegados a Chicago. Pero debido a problemas con su estatus migratorio, es posible que pronto tengan que abandonar el país.

Manuel Martinez / WBEZ

Casi todas las mañanas, Luisette Kraal dirige a los voluntarios a través de un walkie talkie. Se asegura que los migrantes recién llegados hagan fila y esperen su turno para recibir pantalones y chamarras de la tienda de ropa gratuita que cofundó con su esposo en Uptown.

Otras veces, Kraal está al teléfono organizando la entrega de muebles o ayudando a los migrantes a comunicarse con sus arrendadores. También enseña a las familias a utilizar el transporte público en su nueva ciudad o las invita a cenas en la iglesia.

Kraal, de 59 años, luce un peinado afro perfectamente redondeado y es autora de libros religiosos para niños. No le asusta hablar con extraños y cambia rápidamente de idioma: del inglés al español, al papiamento, lengua criolla de base portuguesa que se habla en el Caribe neerlandés.

“El holandés es mi primer idioma”, dice riendo. “Soy la primera holandesa negra que conoces”.

Luisette y su marido, Ed, son de Curazao, una isla holandesa del Caribe. Él es el pastor de LaVid, una de las varias iglesias Park Community de la ciudad.

Durante casi dos años, la pareja ha creado en el norte de la ciudad una red de apoyo a los migrantes para proporcionarles artículos de primera necesidad, educación y vivienda. A través de estos programas de servicio, los Kraal se han convertido en un salvavidas para cientos de solicitantes de asilo que han llegado a Chicago en autobús o avión, en su mayoría desde Venezuela a través de Texas, desde que comenzó la crisis humanitaria.

Pero al igual que muchos solicitantes de asilo, la situación migratoria de los Kraal es delicada e incierta. Llevan 12 años viviendo aquí. Durante varios años han permanecido en Estados Unidos con una visa religiosa, pero ha caducado y no puede prolongarse. Y debido a los retrasos en la oficina federal de inmigración, es posible que no haya otras vías para que permanezcan aquí legalmente.

“Sería absurdo”, afirma Mary Shaaf, voluntaria de ayuda mutua que trabaja con Luisette. “Su dedicación inspira a muchos de nosotros a seguir adelante”.

Coca-Cola y biblias

El compromiso de Luisette y Ed con los migrantes comenzó repartiendo Coca-Cola y biblias en el estacionamiento de un supermercado de Rogers Park durante el otoño de 2022.

“Estaban hambrientos”, recuerda Luisette. “Así que mi marido les compró arroz y pollo en ese momento. Les pedimos que vinieran a la iglesia”.

Días después, la pareja vio a más migrantes caminando vestidos con shorts y chanclas por Western Avenue, en el barrio de la Pequeña India, cerca de donde antes estaba LaVid. Ese día, los solicitantes de asilo llenaron su iglesia.

Ed dijo que la biblia tiene mucho que decir sobre el prójimo y sobre cómo hay que acogerlo y amarlo.

“Escucharlos y escucharlos bien, escuchar sus historias, escuchar sus necesidades”, dijo Ed.

Mientras Ed se dedicaba sobre todo al trabajo pastoral, Luisette continuaba con sus servicios voluntarios. Fue una de las primeras defensoras en ayudar a los solicitantes de asilo que fueron enviados a las estaciones de la Policía de Chicago hace un año. Mientras la Municipalidad tenía problemas de espacio en los albergues, Luisette puso en contacto a los migrantes con viviendas permanentes.

“Lo hago buscando vecindarios y estacionando mi automóvil en algún lugar y caminando con ellos”, dijo Luisette, agregando que ha ayudado a más de 100 migrantes a encontrar hogares.

La mayoría de ellos viven ahora en viviendas compartidas a precios asequibles en el marco de una asociación con el Instituto de Asuntos Culturales (ICA, por sus siglas en inglés), organización de servicios sociales propietaria de un rascacielos en el vecindario de Uptown.

Las familias pagan al instituto entre $400 y $800 por un espacio privado; los migrantes residentes comparten cocinas y regaderas. La tienda de ropa gratuita de Luisette y la iglesia LaVid se encuentran en el mismo edificio.

‘Buscábamos una organización que trabajara con los solicitantes de asilo, encontramos a Luisette y a su marido y vimos el buen trabajo que estaban haciendo’, explica Lesley Showers, directora ejecutiva de ICA.

Apoyo a los nuevos vecinos

Recibir a los nuevos vecinos se convirtió en una importante misión para Luisette. Llamó a las tiendas de ropa gratuitas Nuevos Vecinos.

“Llegué como todos los migrantes, sin ropa, sin nada”, cuenta Jhulieta Pino. “Me hablaron de la iglesia. Fui un día a buscar ropa y me gustó cómo me trataron. Me recibieron bien y me quedé”.

Con la ayuda de otros voluntarios e incluso de migrantes que viven en las viviendas compartidas, Luisette ha coordinado otros servicios, como clases de inglés, ayuda con los deberes y sesiones de duelo. Recientemente, su marido y ella organizaron 15 bodas de migrantes.

Pero el apoyo que Luisette y su marido ofrecen puede estar llegando a su fin.

Los Kraal han agotado la prórroga de sus visas religiosas y están atrapados en un embrollo burocrático debido a un cambio de política. Con la llegada de menores no acompañados en los últimos años, la oficina federal de inmigración añadió un estatus especial de inmigrante juvenil a la misma categoría que utilizan los trabajadores religiosos cuando solicitan la residencia permanente, dijo Sarah Flagel, abogada de World Relief Chicagoland.

“Ha terminado teniendo la consecuencia no deseada de que los trabajadores religiosos ahora también se enfrentan a un retraso significativo porque ha habido un aumento significativo de personas esperando en fila en esa categoría”, dijo Flagel.

Eso significa que Luisette y su marido deben abandonar el país y esperar en el extranjero, a menos que encuentren otra forma de permanecer legalmente. La pareja solicitó recientemente una visa especial de trabajo, pero se les negó; están apelando esa decisión.

Mientras averiguan qué más hacer o adónde ir, Luisette resalta la ironía del asunto. Aquí están, ayudando a muchos migrantes a superar los problemas causados por el complicado sistema de inmigración de este país.

Y ahora ese mismo sistema les está fallando.

Adriana Cardona-Maguigad cubre inmigración para WBEZ.

Traducido por Gisela Orozco para La Voz Chicago

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