A veces, lo bueno viene en envases pequeños. Ese es sin duda el caso de “El mes de Frida Kahlo en París: Una amistad con Mary Reynolds”, una nueva exposición que se exhibe hasta el 13 de julio en el Instituto de Arte de Chicago.
Esta exposición, elegante y compacta, ofrece una mirada fascinante y muy centrada en un momento casi desconocido de la historia del arte: las cuatro semanas y media que Kahlo pasó con la artista encuadernadora y coleccionista estadounidense Mary Reynolds en París, entonces epicentro del mundo del arte, relación que se dio entre febrero y marzo de 1939.
“Creo que es la exposición más específica que he comisionado”, declaró Caitlin Haskell, curadora principal de arte moderno y contemporáneo del Art Institute of Chicago, quien la organizó junto con Tamar Kharatishvili, investigadora en arte moderno, y Alivé Piliado, curadora asociada del Museo Nacional de Arte Mexicano de Chicago (NMMA).
En las últimas décadas, Kahlo se ha convertido en todo un fenómeno cultural e ícono feminista, y el solo nombre de la artista mexicana del siglo XX garantiza que habrá al menos pocas filas para esta exposición, como las hubo el lunes por la tarde.
Aunque esta es la primera exposición de Kahlo en la historia del Art Institute —un dato sorprendente—, los posibles visitantes deben tomar en cuenta que no se trata de un éxito de taquilla sobre Kahlo, ni pretende serlo.
De hecho, sólo se exhiben siete obras suyas, pero son siete de sus mejores obras, incluyendo “Árbol de la esperanza, mantente fuerte” (1946), un doble retrato en el que la artista, frecuentemente hospitalizada, se representa sentada junto a una segunda versión de sí misma con heridas quirúrgicas.
Vale la pena visitar “Un mes en París” sólo por ver estas piezas, y sin duda algunos visitantes lo harán, pero el contexto de esas obras, esencialmente todo lo demás en exhibición, es de igual o incluso mayor interés.
En total, hay 100 selecciones, que incluyen diversas obras de arte, fotografías y otros materiales de archivo. Puede parecer mucho, pero se trata principalmente de objetos de pequeño formato, todos ellos ubicados en tres galerías en el segundo piso del Ala Moderna, que en conjunto narran el antes, el durante y el después de la estancia parisina de Kahlo.
André Breton, líder del movimiento surrealista, conoció a Kahlo en México en 1938 y rápidamente la catalogó de surrealista, aunque ella nunca percibió su arte de esa manera. Se ofreció a organizar una exposición para ella en París, que en 1939 se convirtió en una exposición más amplia titulada “Mexique (México)”.
Kahlo llegó a Francia el 21 de enero de 1939 para la exposición y poco después se enfermó de una infección renal que la obligó a ingresar en el Hospital Americano de París. Tras ser dada de alta, Reynolds la invitó a su casa de dos pisos en el número 14 de la rue Hallé, donde permaneció hasta el 25 de marzo. (Ambas se conocieron a través del crítico de arte y curador neoyorquino Walter Pach).
Si bien la visita de Kahlo es el motivo de “Un mes en París” y ella es la principal atracción, se puede argumentar que el tema principal es tanto o más Reynolds, quien es poco conocida incluso entre los conocedores de arte.
La nativa de Minneapolis fue pareja y colaboradora artística de Marcel Duchamp desde 1923 hasta su fallecimiento en 1950. Su hogar sirvió como refugio y lugar de encuentro artístico para numerosos artistas famosos, como el afamado escultor Constantin Brancusi.
Reynolds practicó la encuadernación, creando encuadernaciones únicas y sumamente ingeniosas para diversos artistas y autores de vanguardia, especialmente aquellos vinculados a los movimientos dadaísta y surrealista.
Entre los muchos ejemplos de esta exposición se encuentran una encuadernación con guantes de cuero superpuestos para “Les main libres (Manos libres)” de Man Ray y otro libro sobre el Marqués de Sade con rayas rojo sangre en la portada.
Por si fuera poco, esta extraordinaria mujer también participó activamente en la Resistencia francesa, permaneciendo en París con gran peligro hasta 1942, cuando huyó a pie por los Pirineos hacia España y finalmente se refugió en Nueva York.
A primera vista, Kahlo y Reynolds podrían no parecer tener mucho en común, pero ambas vivieron a la sombra de figuras artísticas masculinas imponentes: Duchamp y, en el caso de Kahlo, su esposo, Diego Rivera. Además, como señala Haskell, ambas crearon objetos igualmente pequeños e íntimos.
Si bien esta exposición trata sobre Kahlo y Reynolds, también destaca la poco reconocida Colección Mary Reynolds, sus libros y archivos, conservados en las Bibliotecas Ryerson y Burnham del Instituto de Arte, y su colección de arte, distribuida en varios departamentos del museo.
Tras la muerte de Reynolds en 1950, su hermano, Frank Brookes Hubachek, fideicomisario del Instituto de Arte, colaboró estrechamente con Duchamp para que sus fondos se transfirieran al museo. Además, tres homenajes póstumos a Reynolds fueron para el Instituto de Arte, incluyendo un ingenioso dibujo de 1955 de su amigo, Alexander Calder, que la representa con sus cinco gatos.
La idea de esta exposición surgió de dos cartas (préstamos de los Archivos de Arte Americano en Washington, D.C.), en las que Kahlo escribió desde París a su amante neoyorquino, el fotógrafo Nickolas Muray. En la primera, lamenta su desdicha en París y, en la segunda, expresa un cambio de opinión y elogia la cálida hospitalidad de Reynolds.
“Si quisiéramos hacer realidad esa idea, el Art Institute of Chicago es el único museo capaz de contarla”, dijo Haskell, señalando los invaluables materiales de Reynolds que sólo el Art Institute posee”.
“Un mes en París” es el tipo de exposición histórica del arte, con un enfoque específico, que solía ser común en los museos de arte, pero la prisa por integrar la cultura popular y la preocupación por el número de asistentes han hecho que este tipo de propuestas sean una rareza hoy en día.
Felicitaciones al Art Institute por encontrar un espacio para esta exposición. Si las galerías repletas de espectadores que examinaron atentamente sus propuestas el lunes fueron un indicio, está encontrando un público abierto y dispuesto.
Traducido por Gisela Orozco para La Voz Chicago